Dublin no es de las ciudades más bonitas de Europa, incluso puede que sea una ciudad bastante decepcionante desde el punto de vista monumental. Pero es verdad que tiene un ritmo de vida y un ambiente que hacen que la visita merezca mucho la pena.
El río Liffey separa las zonas norte y sur de la ciudad. Si en otras ciudades el río es un elemento importante, en Dublín lo es más aún, ya que la división entre los distritos impares de la ciudad y los pares no es simplemente geográfica, sino que los barrios, la arquitectura, el carácter e incluso los estilos de vida cambian radicalmente de un lado al otro.
Al norte está tradicionalmente el Dublín más humilde y más obrero. El sur, por su parte, es la zona rica, con bonitas casas victorianas y barrios de casas bajas y tranquilas a lo largo de aquella parte de la bahía de Dublín. Cada barrio tiene sus particularidades, pero también cosas que son comunes para toda la ciudad, como la gran cantidad de pubs y el ambiente que se respira en ellos. Es verdad que en zonas más céntricas como Temple Bar el ambiente de pub de barrio deja paso a otro tipo de diversión, con más gente, más extranjeros y pubs combinados con discotecas y clubs, pero eso no quita que en el resto de barrios sea una constante encontrar pubs con sus camareros encorbatados, sus parroquianos de toda la vida bebiendo Guinness y viendo el canal de las carreras de caballos.
Los paseos turísticos y los lugares de interés en el norte de Dublín se agrupan, en su mayoría, en torno a la calle principal de la ciudad, O’Connell Street. Es la calle más amplia y concurrida del centro de Dublín, aunque no es precisamente larga. Comienza en el puente de O’Connell, mencionado en el Ulises de Joyce y tiene una longitud de más o menos ochocientos metros. Eso sí, en ellos tiene edificios tan representativos como la Oficina Central de Correos o el representativo Monumento a la Luz, y en ella nace la comercial Herny Street.
Ya un poco más lejos de la zona de O’Connell Street, en la parte norte de la ciudad se encuentra el estadio Croke Park de fútbol gaélico, con un museo muy peculiar sobre los deportes autóctonos irlandeses. Y, siguiendo el río hacia el este en un bonito paseo en el que se pasa frente a unos antiguos cuarteles que albergan una de las diferentes sedes del Museo Nacional de Irlanda, se llega a Phoenix Park, uno de los parques urbanos más grandes de Europa, para relajarse y pasear o montar en bicicleta. En él está situada también la residencia del primer ministro.
La zona sur del Liffey es mucho más interesante turísticamente hablando. Al sur del puente de O’Connell nos encontramos con una de las estampas de Dublín: la fachada del Trinity College y, al otro lado de la calle, el edificio circular que alberga hoy al Banco de Irlanda y que antiguamente sirvió como Parlamento.
Grafton Street es la calle comercial con más prestigio de Dublín y una de las más caras de Europa. Es muy agradable darse un paseo por ella, especialmente los fines de semana -en Dublín las tiendas abren también los sábados y los domingos- y encontrarse, además de algunas de las tiendas más caras de Dublín, espectáculos de mimos y músicos callejeros, actuaciones y muchísimo ambiente. En ella hay sobre todo tiendas de ropa y grandes almacenes de alta categoría.
Grafton Street termina en el parque de St Stephen’s Green, el parque más famoso de Dublín. Mucho más pequeño que Phoenix Park, pero también más céntrico y más cuidado. Ideal para pasear o sentarse un rato a contemplar el estanque o los jardines los días soleados. Al sur del parque, calles como Leeson Street o, sobre todo, Harcourt Street, muestran los mejores ejemplos de arquitectura georgiana de la ciudad. Merece la pena darse una vuelta por allí.
Y, finalmente, en la zona sur de la ciudad nos encontramos con otra de las atracciones turísticas de Dublín. La fábrica y museo de Guinness. Un lugar donde aprender cómo se hace la cerveza y muchas curiosidades sobre la cerveza más típica de Irlanda y, sobre todo, donde disfrutar de unas magníficas vistas de Dublín mientras se toma una pinta en el bar panorámico del último piso.









